Mussolini: Vencer o Morir

Es difícil pensar que un telegrama, pudiera suponer una sentencia de muerte en el fútbol, pero por desgracia así ocurrió. En esta historia nos remontamos a la Copa del Mundo de 1938, la época conocida como “entreguerras”. En aquel tiempo, “La Azaurra” era comandada por el director técnico, Vittorio Pozzo. Este mismo entrenador había dirigido a los italianos en el Mundial de Italia 1934, el cual terminaron por ganar a pesar de que no eran los favoritos sino que lo eran Austria y Hungría, pero como ambos equipos se enfrentaron, le facilitó las cosas a Italia para ganar aquél Mundial…bueno, eso y la presión del régimen fascista de Mussolini, que ejerció sobre los colegiados de algunos partidos decisivos (Ante EUA y España). Esto se tradujo en una actitud permisiva para con el conjunto italiano, que se empleó con gran dureza, e incluso se vio favorecido en lapsos de los encuentros.

Posteriormente a lograr de forma muy polémica el titulo de la Copa del Mundo en el 34, Pozzo guío a los italianos en el Mundial de 1938 y a la postre también lo ganó. Esta proeza es algo por lo que Vittorio pasó a la historia: haber ganado dos mundiales. Pero hasta mucho tiempo despues, se supo la terrible presión a la que el seleccionado italiano, fue sometido por parte de Benito Mussolini.

Y es que en 1938, los ánimos ya estaban muy caldeados entre las potencias europeas. España no fue al mundial porque ya estaba en guerra civil, un antecedente de la Segunda Guerra Mundial. Austria, el favorito del mundial pasado, tampoco fue a este mundial de 1938 en Francia, porque su “wunderteam” ya había sido absorbido por la “Gran Alemania”. A los italianos se les acusaba de todo por el mundial pasado, desde utilizar a los “oriundi” (descendientes de italianos de Argentina o Brasil y nacionalizados a toda prisa reforzar al equipo), hasta las obvias acusaciones de protección arbitral exagerada y de abusar del juego duro. Por ello, los italianos no fueron reconocidos como hubieran querido. Vittorio Pozzo tenía la responsabilidad de cambiar esa imagen en el nuevo mundial.

Vittorio cuidó cada detalle y preparó el equipo a fondo. Italia empezó ganando, a Noruega 2-1 en octavos de final, 3-1 a Francia en cuartos de final, y en semifinales a Brasil 2-1, en parte, porque los brasileños estaban seguros de ganar la semifinal y guardaron a Leonidas, Brandao y Tim para una final que a la que no llegarían. Y por fin, la final, ante  la poderosa Hungría, uno de los grandes del momento.

Antes de ingresar al vestuario, Vittorio recibe un telegrama de Mussolini que decia: “vincere o morire”. Algunos pensaron que no era literal, pero en esos tiempos, era una suposición arriesgada. Apenas dos años antes Hitler utilizaba los Juegos Olímpicos de Berlín para sus propios fines propagandísticos. Mussolini no se quería quedar atrás con el Mundial. Ganar el Mundial pasado no había sido tan favorable como se esperaba, por lo ya descrito, pero también porque los árbitros no se atrevían a marcar ciertas jugadas contra los italianos, pues el Mundial pasado se jugó en Italia. Ahora, en Francia, no se les podía acusar de lo mismo.

Los nervios se calmaron un poco cuando Gino Colaussi anotaba para los italianos en el minuto 6′. Para su mala suerte, a los dos minutos el húngaro Pat Titkos marcó el empate. A los 16′ minutos, el italiano Silvio Piola anotaba el segundo de Italia y al 35′ Calaussi marcó otra vez. Los italianos se iban con cierta calma a los vestidores. El segundo tiempo no tuvo mucha claridad por parte de los húngaros que no hallaban la forma de acercarse. Para los italianos debió ser preocupante tan sólo el pasar de los minutos. En cambio, en el minuto 70 el húngaro Gyorgy Sarosi anotaba el segundo gol y acercaba a su equipo al empate. Debió ser una situación desesperante, sin embargo, en el minuto 82 Piola volvió a marcar otro tanto y con eso se coronaba campeón del mundo.

El público francés, hostil en encuentros anteriores, aplaudió con deportividad el triunfo de Italia y el espectáculo que habían ofrecido ambos conjuntos. El presidente de Francia, Albert Lebrun, fue el encargado de entregar la Copa de la Victoria al capitán Giuseppe Meazza. Al llegar a Italia, el presidente Benito Mussolini entregó a los futbolistas un premio de 8.000 liras, según ha reconocido años después Pietro Rava, último superviviente de aquella final. Con el paso del tiempo, se supo que Antal Zsabo supo del telegrama. En su palabras: “me contaron antes de empezar el partido que los italianos habían recibido un telegrama de Mussolini que decía: ‘vencer o morir’. Nunca en mi vida me sentí tan feliz por haber perdido. Con los cuatro goles que me hicieron salvé la vida de cuatro seres humanos”.

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El Barbas

Escritor, traductor e historiador. ¡El Peluca sabeee!