“La Naranja Mecánica”.

“No éramos simplemente un grupo de jugadores que se movían para adelante y para atrás. Michels nos cambió la mentalidad. Los defensores iban para adelante, los delanteros venían para atrás. Jugábamos presionando al otro equipo, asumiendo grandes riesgos en el fondo. Y hasta el arquero, Jongbloed, era un líbero, todos hacíamos de todo” – Wim Rijsbergen en entrevista para el periódico estadounidense The New York Times.

Si en la historia del fútbol hay un equipo que es recordado por la fineza de su juego y sin necesidad de haber obtenido algún título que lo ostente como campeón, ese es Holanda. La “Naranja Mecánica” nombrada así por el color del uniforme que portaban, y por la legendaria película de  Stanley Kubrick del mismo nombre, llegó a desarrollar un estilo de juego denominado el “Futbol Total”. De la mano del “General” Rinus Michels, fue una sólida selección que dominó el fútbol a nivel de selecciones, pero que desafortunadamente no pudo coronar la casi perfección de su esquema con un título mundial, pues perdió la final de la copa del mundo realizada en Alemania en 1974.

Para aquellos que se preguntan aún ¿Qué es el fútbol total?, cabe señalar que es un estilo de juego que patentó Michels, donde la preparación física era fundamental para poder aplicarlo a la idea futbolística que se buscaba, priorizaba como máxima el juego colectivo, alineando los aspectos necesarios para desarrollar el fútbol buscado en este estilo. Defensa y ataque, con el “pressing” como arma principal, tanto en ataque como en defensa; en otras palabras, el fútbol total tenía como principales objetivos la posesión del balón, presión sobre el rival, pases, toques y triangulaciones hasta llegar al área rival, y una característica única: todos jugaban de todo. No había defensores, no había volantes, no había delanteros. Los jugadores ocupaban todas las posiciones en el campo. Si un lateral subía, el hueco que dejaba era rápidamente cubierto.

“Cuando se construyen muros defensivos, hay que tener un poco de imaginación. Lo difícil no es cómo hacer que los defensores y los mediocampistas participen en el ataque, sino encontrar alguien que siempre esté cubriéndolos. Luego, se da el contagio. Cuando se ve esa clase de movilidad, el que no se mueve dice: ‘Yo también puedo participar, es fácil’. Y entonces has alcanzado el tope, el punto máximo de desarrollo”, mencionaba “El general”, quien años más tarde fue elogiado por la FIFA como técnico del siglo XX por el estilo de juego que desarrolló.

Nuestros padres y abuelos que vieron jugar a esta portentosa selección nos cuentan en sus anécdotas de fines de semana por la tarde, que la maquinaria holandesa era comandada por un jugador que sobresalía por la fineza de su juego, un jugador de un físico fuerte pero de una envidiable visión de campo, portando el mítico número 14 que siempre lo identificó, su nombre: Johan Cruyff, quien a nivel de clubes lideró al súper Ajax que dominó por aquellas épocas las tierras europeas consiguiendo 2 Copas de Europa, 1 Supercopa de Europa y 1 Copa Intercontinental y que en selección comandó a Holanda a aquella mítica final contra los alemanes, en otro episodio épico en la historia mundialista.

Cabe señalar que nosotros hemos crecido con la idea que los perdedores de una final son (o deben ser) olvidados, que no hay espacio en los recuerdos para ellos, que en la historia futbolística el único recordado es el equipo campeón, el que sale avante y victorioso de todas las batallas, pero esta vez no fue así, era tal la belleza de juego de aquel seleccionado holandés que casi rayaba en la perfección y que sigue vigente en los recuerdos de todos aquellos que se maravillaron con ese estilo, era cautivante ver la coordinación con la que este equipo desplegaba su juego sobre la grama; aquel equipo comandando por Johan Cruyff y que lo complementaban jugadores de la talla de Johan Neeskens, Johnny Rep, Rob Ressenbrink, Ruud Krol, el meta Jan Jongbloed, quien curiosamente a pesar de su posición portaba el número 8 en los dorsales, futbolistas de la talla de Wim van Hanegem, Wim Jensen, Arie Haan, Wim Rijsberger, Wim Suurbier o los hermanos René y Willy van der Kerkhoff, todos ellos dirigidos por el padre del movimiento que a la postre fue denominado EL FUTBOL TOTAL: Rinus Michels.

Los Neerlandeses arribaron al mundial de Alemania en 1974, 36 años después de su última participación, por lo que no eran en lo más mínimo favoritos para avanzar en el torneo, pero poco a poco fueron desplegando su estilo de juego y lograron avanzar a la siguiente ronda al ganar su grupo logrando dos victorias, la primera ante una de las escuadras favoritas a ser campeona de ese torneo, Uruguay, con marcador de dos goles a cero, con dos goles de Rep, y ganando fácilmente a la selección de Bulgaria, cuatro goles a uno siendo los 5 goles anotados por los holandeses, dos de Neeskens, Rep, De Jong, más uno de Krol en contra, y empatando con la escuadra Sueca en un partido donde ambos no se hicieron daño y culminaron con un cero a cero.

Para la segunda fase de este evento mundialista, los ojos de los aficionados se comenzaban a dirigir hacia los encuentros donde se presentaban los holandeses, pues comenzaban a desplegar ese fútbol que atraía y maravillaba a todo aquel que los veía jugar; en esta fase enfrentaron primeramente a la selección de Argentina, a quienes le propiciaron un baile, derrotándolos con un marcador de cuatro goles a cero con anotaciones de Cruyff en dos ocasiones, Krol y Rep, posteriormente se enfrentaron a la escuadra de Alemania Democrática, a quienes vencieron dos tantos contra cero (Neeskens, Rensenbrik) y culminaron esta fase derrotando a la que hasta el momento ostentaba aún el título de campeona del mundo, la escuadra brasileña por el mismo marcador con el que vencieron a los alemanes, 2-0 (Neeskens y Cruyff).

Así, de forma invicta, los holandeses de la mano de Michels en el banquillo, y Cruyff como principal figura, arribaron a la final de aquel mundial, donde se enfrentarían al anfitrión: Alemania Federal. Aquel lejano 7 de julio de 1974 en el Estadio Olímpico de Múnich de München, Alemania vio enfrentarse a las dos mejores escuadras del torneo, aunque para ese entonces todos ponían como favorita a la escuadra dirigida por Michels, por el estilo de juego desarrollado en el torneo.

Todo parecía inclinarse del lado holandés, pues apenas a los dos minutos de haber iniciado el encuentro, el árbitro del partido, John Taylor, marcó una falta dentro del área, decretando el penalti a favor del equipo holandés, que de forma magistral fue cobrado por Neeskens para adelantar a la naranja mecánica 1-0.

Pasados 25 minutos del encuentro, ahora en el área holandesa fue decretada la pena máxima, siendo ejecutada de buena forma por Breitner para igualar los cartones a un tanto por equipo, en un encuentro que se encontraba parejo en el trámite, hasta que al minuto 43 de tiempo corrido apareció la figura del goleador Gerd Müller, quien puso el 2-1 en el marcador, lo que al final terminó siendo definitivo, pues los holandeses no lograron oradar la meta alemana a pesar de presionar todo el segundo tiempo a los alemanes y terminaron perdiendo el partido.

El impacto del equipo fue tan grande y maravilló a todos, que el correo holandés publicó por primera vez estampillas de fútbol: la de Holanda, la cual tenía a todo el equipo formado. El día de hoy, hablar de la poderosa Holanda del 74 es hablar de excelencia futbolística, se volvió una expresión pura del futbol mundial. Si ese seleccionado hubiese logrado coronarse en esa copa mundial habría pasado a ser uno más de la lista de todos los campeones mundiales a la fecha, pero necesitó perderla para labrar su gran legado, el cual ha ido agigantándose con el paso del tiempo. Campeones mundiales ha habido muchos a lo largo de la historia, Naranja Mecánica, sólo una.

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Julio Renegades

Futboloreo al 100%, amante de la pesca, arquero pura sangre, fiel seguidor del mejor equipo del mundo: LOS RAYOS DEL NECAXA.