Finales sin gloria: la herencia de la FMF

Ha pasado ya una semana desde que  se jugó la final sin gloria, la final del “Ascenso” MX, (en la cual, por cierto, no puedes ascender). Como cada fin de semana, tenía mi boleto listo para presenciar un partido más de los Alebrijes, y esta vez en el periódico donde trabajo, me dijeron si podría acompañarlos a cubrir la final. Acepté sin broncas.

Tuve que tomar un taxi rumbo al estadio, y es que el cielo se caía a pedazos sobre la verde antequera, incluso, por un momento llegué a conversar con el taxista sobre la posibilidad de que el partido pudiese cancelarse – no, para nada, ahorita para la lluvia joven – entonces me dejó frente al estadio.

Apenas entré y me di cuenta de la poca audiencia, y la verdad es que lo entendí, ¿para qué demonios se tenía que jugar esta maldita final?, no tenía sentido nada. No es porque nos hayan goleado en la final, pero no podríamos ascender de todos modos, aunque la victoria consiguiésemos.

Previo al pitazo inicial, grabé con mi compañera algunas entrevistas, me percaté de la fe que tenían muchos aficionados por el equipo. Alebrijes tenía que anotar cuatro para empatar y llevarlo a tiempo extra, o bien, cinco para ganar esos 120 millones de pesos, que en el fútbol moderno, de nada sirven.

Me acomodé en una de las tantas butacas vacías en cuanto dio inicio el partido, inmediatamente pude notar el poco ánimo de la afición oaxaqueña, y es que Cafetaleros traía una afición que no paraba en ningún momento de apoyar, pero sobre todo, no para de burlarse de la callada afición oaxaqueña. No era para menos, nos habían goleado en la ida.

Antes de iniciar el partido, Alebrijes y Cafetaleros salieron con camisetas, que con justa razón, repudiaban la imposibilidad de ascender. Todo esto ante los ojos de Murat, Velasco y Bonilla. Los gobernadores de Oaxaca y de Chiapas respectivamente, acudieron a la final como una cita más en la que tenían que aparecer ante las cámaras. Sin embargo, la visita de Bonilla estuvo de más. Seguro que hasta para él fue incómodo estar en el templo alebrije.

Alebrijes estuvo encima de los de Tapachula. Una y otra vez, mi equipo insistió con llegadas no tan precisas al arco rival, y ese esfuerzo obtuvo sus frutos. Dos goles cayeron en el primer tiempo y la afición levantó, creían que el equipo podía remontar, es más, yo también lo pensé. Es entonces que me di cuenta, que por naturaleza, y aunque no esté un ascenso en juego, una final, al menos como aficionado, siempre querrás ganarla.

Entonces, al segundo tiempo, me di cuenta que si algo estaba en juego, era el honor de mi equipo. Ya habían sido muchas burlas de la barra contraria. “¡Maldita sea!, dos goles más cabrones, vamos a remontar” pensé al minuto 47. Teníamos que ganar la final, ¿para qué?, no lo sé, pero teníamos que hacerlo.

El equipo le puso huevos, jugó con categoría, todo el segundo tiempo estuvo encima del rival, pero simplemente la fortuna no estuvo de nuestro lado esta vez. Rodrigo Noya, defensa central de Alebrijes, terminó en la delantera poniendo la garra sudamericana. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, los minutos pasaron rápido, además de que Cafetaleros acabó con la esperanzas con un contragolpe final.

¿Qué carajo quiero contarles con esto? ¿Pensaban que era una crónica de partido? No amigos. Quería contarles de alguna u otra forma que estuve en la final sin gloria. Así es, la gloria deportiva no tiene precio. ¿Para qué 120 millones? Todavía recuerdo que intenté acercarme a Enrique Bonilla mientras iba a los vestidores después de entregarle el insípido trofeo de campeón a los Cafetaleros.

Perder la final me dolió, y si, a nadie le gusta perder una final. Pero hay algo que me dolió más: ver a los Cafetaleros celebrar. Ok, hay que entenderlo, ganaron un título, un trofeo más casi dos semanas después de haber conseguido el primero, pero voy de nuevo ¿para qué? Seguro que Gabriel Caballero me daba la razón, lo vi celebrar sin tanto entusiasmo.

No es que me haya dolido porque perdió mi equipo, no me dolió que un gran equipo como Cafetaleros se coronara en Oaxaca, eso es aparte. Fue muy desagradable ver materializado uno más de los tantos productos de la FMF, de esos que nacen por los malos manejos de nuestro fútbol. De nada sirven los fuegos artificiales que se dejaban ver sobre el cielo, ya ni “We Are The Champions” de Queen sonaba a gloria.

Dos años nos esperan sin ascenso, y sin descenso. Lobos BUAP recién compró el lugar y seguirán siendo 18 los equipos que compitan por el título de la Liga “muy X”, esta liga que solo nos da pases para la Concachampions y que perdió el pasaporte sudamericano de la Libertadores. Esta liga que aunque nos regale algunos buenos partidos, tendrá solo escuadras que compitan por finales sin gloria.

Comentarios

Francisco Hernández Cid

Francesco como Totti, Hernández como Xavi... ¿Y Cid? Cid como mi hermano Rodrigo, a la conquista.