Cuentos taberneros: Al fondo de las redes

Tal parece que lo que ocurre fuera de las redes cibernéticas no existe en realidad. Así que yo, Victorino (Kalimán para los cuates) Guzmán, a mis cuarentaitantos, maduro asocial que peina canas, divorciado por segunda vez, aún recuperándome de la muerte del fiel perro que me acompañó durante los recientes quince años de mi vida, que se arrellanaba junto a mí en el sillón cada sábado en la tarde a ver el futbol y al minuto 90 él ya estaba tan dormido como yo frustrado,trato de aferrarme a la poca realidad que me queda y decido abrir una cuenta en feisbuk.

Y no sé qué tan real sea esta realidad pues ante las pocas publicaciones que realizo en mi muro -algunas claramente absurdas- recibo decenas de laiks de mis compañeros de oficina, la mayoría de los cuales en la realidad (¿cuál de todas?) me mira con lástima o con mal disimulado desprecio.

Pero es cierto que en estos tiempos lo que pasa en las redes define quiénes somos ante los demás. Como mi segunda ex esposa quien en un par de clics pasó de tener una relación complicada a soltera y a la mañana siguiente de ella quedaba nada más que una apresurada nota de despedida pegada al refrigerador. ¿O acaso cuando piensan en Zidane la primera imagen que llega a sus mentes no es la del cabezazo a Materazzi? Y es sólo después de un esfuerzo de la memoria cuando recordamos su maravillosa volea giratoria en la final de la Champions del 2002 en la que otro portentoso como Michael Ballack miró de frente hacia su propia portería para admirar el golazo del francés. Pero en YouTube el vídeo de momentos locos y peleas de Zinedine tiene muchos millones de visualizaciones más que el de la obra maestra. Como si a las personas nos definiera el error y no la magia.

Aunque es verdad que existen personas y equipos que se regodean en su desgracia y parecen nutrirse con ella. Hay equipos y personas que con más del 60% de posesión de balón pierden por goleada o por un tanto en tiempo de compensación. Hay Valencias de dos finales continentales perdidas consecutivamente, hay malditos penales del Tri nacional, hay historias de más de 60 años sin siquiera una Copa MX y sin embargo sus dolientes persisten inamovibles en su fe.

Dicen que el azul es un color que representa melancolía y tristeza, pero también tranquilidad y templanza, y en la antigüedad evocaba a la realeza y lo sagrado. Por eso, en este preciso instante mis manos sudan frente a la computadora y mi mente duda (no así mi corazón) si hacer o no clic ahí en ese bendito botón azul donde dice Publicar y entonces, de una vez por todas y para siempre, existir ante el mundo y mostrar por primera ocasión en la red mi foto de perfil donde poso con la playera de Cruz Azul y la gorra de los cachorros de Chicago.

Escrito por Alex Morteo

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