El carnaval de fútbol a lo Macondo

Hoy inicia el Mundial de Fútbol en Rusia y no sé cómo asumirlo. Tengo la opción de mandarlo todo al diablo y durante las próximas semanas sentarme frente al televisor con el mando a distancia, y apoyar ―como casi siempre me pasa― al equipo más débil; también puedo ver únicamente los partidos de México y Colombia, que de una u otra manera son los equipos que me representan. Desde hace un tiempo soy mitad colombiano y mitad mexicano.

En cualquier caso, me va a suceder lo mismo. Hoy iré por Arabia Saudita que juega contra Rusia, mañana seguramente apostaré todo por Egipto cuando juegue contra Uruguay. No sé cuáles han sido mis criterios para definir al más débil de los dos equipos, creo que es una cuestión de percepción rudimentaria, como de hincha ignorante. Sin embargo, cuando juegue México y Colombia le iré a ellos, y rogaré que sus rivales sean los más débiles del mundial. Y para los equipos que les ganen a mis selecciones voy a desear que pierdan por palo en sus próximos encuentros contra los equipos más fuertes. Así es mi elemental sed de victoria.

Sé que voy a maldecir, que mentaré madres a diestra y siniestra, que estaré tentado a lanzar por la ventana el televisor. También estoy seguro de que al menos en este mes Dios sí va a existir para mí, voy a rogarle por el quinto partido de México y por los octavos de Colombia ―reconozco la fortaleza y las debilidades de mis dos selecciones―, voy a decirle que me conceda el milagro de que los rivales tengan un mal día, de que todas las manden al travesaño. Es decir, le voy a pedir que se ponga la verde o la amarilla según sea el caso.

Pasarán las jornadas, pasarán las decepciones, pero sé que aún me quedarán Brasil, Argentina, Inglaterra, Alemania, Francia y Portugal. Y, por si fuera poco, cuando todo parezca estar perdido en mi bogotano amore encenderé el televisor para aplaudir a Costa Rica, a Panamá y a Perú. Ya todo parece estar listo, todo en su lugar. Justo a esta hora ha comenzado la inauguración. En breve compartiré esta entrada con ustedes, a las diez dará comienzo el primero partido.

Pero hay algo que tengo que comentarles: soy un escritor que necesita vivir de sus bonos, de sus regalías, de sus reportajes y de sus crónicas. De tal modo que aquí surge una gran posibilidad de que todo cuanto lean que  salga de mi teclado estará relacionado con el mundial ―con el mundillo del fútbol quiero decir―. No me avergüenza, más bien se trata de mi pasión y cada golpe de teclado que doy ―que he dado desde que escribo― siempre he procurado que me erice la piel, no veo por qué en esta ocasión tenga que ser diferente.

Ya me han escrito algunos amigos para decirme en tono de burla “ey, Afo, me imagino que ya te perdimos todo este tiempo”. Yo no les respondo, supongo que mi omisión confirma sus dudas. Ellos son hermosos periodistas que están trabajando muy de cerca en el proceso electoral en México, mi país, y yo soy un tipo que escribe una crónica de viaje por las rutas de Colombia, mi país. Tan sólo fue que en esta patria me pilló la fiesta más grande y hermosa del mundo: el carnaval de fútbol a lo Macondo.


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Afonso Brevedades

Escritor, editor y estudiante de un doctorado en educación. Disfruto de leer, viajar y escribir, las tres actividades las hago de forma compulsiva.