¡Arriba el Morelia!

Han pasado más de 2 semanas desde que Monarcas Morelia anunció oficialmente, a través de un escueto comunicado, que estaría cambiando de sede a la ciudad de Mazatlán y casi un mes de que iniciaron los rumores que presagiaban el fatal desenlace que tendría esta historia para la afición michoacana.

Como aficionado del Morelia, me había querido mantener un poco al margen de este tema, ya que veía difícil escribir mi sentir “sin la camiseta puesta”, debido a todos los sentimientos que este tema levanta en mí.  A pesar de esto, el día de hoy, con la cabeza mucho más fría y habiendo asimilado la mudanza de mi equipo decidí abrirme para exponer el punto de vista de un seguidor del equipo moreliano.

En mi vida he alentado, de manera genuina, únicamente dos equipos de fútbol. La selección mexicana, por ser el representativo de mi país y el Monarcas Morelia. ¿Por qué apoyaba a ese equipo, si no era un equipo ganador?

Todo empieza hace más de 50 años, cuando un niño de 6 años, fanático en ese tiempo de Cruz Azul, se traslada con sus 9 hermanos y sus 2 padres de Queréndaro (un modesto municipio cerca de la capital del estado) a la ciudad de Morelia en busca de mejores oportunidades. A partir de ese momento, el equipo cementero quedaría en el olvido para ese pequeño niño michoacano que quedaría enamorado por las gestas de los “ates” del Morelia. Ese amor nace, de un equipo alejado de los reflectores, formado en su mayoría por jugadores oriundos del estado, pero con una gran personalidad y amor propio, que sacaban los resultados con orgullo. Esa es la esencia del Morelia, surgida del esfuerzo de hombres como Horacio Rocha, Mario Díaz, “Purépero” Tapia, “Golazo” Perez, Juan Carlos Vera, Mario “Mudo” Juarez, “Manquito” Villalón, entre otros.

Ese niño, crecería viendo a ese equipo modesto competir, ascender y mantenerse en primera división, asistiendo al mítico estadio Venustiano Carranza y posteriormente al  Estadio Morelos. Ya convertido en adulto trataría de inculcar ese gusto por el fútbol y por el equipo local a sus  tres hijos, teniendo suerte hasta el tercero (su servidor).

Mi primera vez en el Estadio Morelos fue todavía en brazos, antes de mis tres años. De ahí, miles de recuerdos que me unen con mi viejo para siempre: cuando íbamos todos en familia y mi papá se enojaba por que mi hermano pedía papel y lápiz para dibujar a medio partido, la primera vez que escuché una clásica mentada de madre al árbitro; cuando no existían los torniquetes de acceso y entrábamos al estadio mi padre, su hermano y yo con sólo dos plateas, el campeonato que vimos y celebramos juntos interrumpiendo una comida familiar, la inauguración del alumbrado del estadio en un partido de Copa Libertadores contra Velez Sarsfield, las finales perdidas de liga y CONCACAF, el nombramiento del equipo como “mejor equipo del mundo”, las tradicionales quinielas para atinar al primer anotador del partido; Cholita el Mago y el Semillas, la remodelación del estadio para la Copa Mundial sub-17, las tortas de carnitas y mis primeras cervezas.

Equipo campeón en Invierno 2000

 

Morelia, nombrado mejor equipo del mundo en Abril de 2002
“El semillas”

Recuerdos que guardo con orgullo y que me llenan de felicidad cuando escarbo en mi memoria para encontrarlos, por que en ellos siempre estuvo presente esa complicidad y amistad que he podido forjar con mi padre.

No es mi intención criticar, juzgar y/o polemizar respecto a la mudanza del equipo a Mazatlán, lo dejaré para otra ocasión, sólo me gustaría cerrar con una anécdota y  enseñanza de mi padre: cuando Morelia llegó a la final del Clausura 2003, causó mucha emoción en mi padre y en mi, ya que por primera vez podríamos ver la final de vuelta en el estadio Morelos. Fue muy difícil conseguir boletos, pero mi viejo hizo un gran esfuerzo para cumplir esa ilusión que teníamos ambos y encontró un par en reventa, con precios exhorbitantes. No importaba nada, teníamos un equipo muy fuerte, que jugaba bastante bien así que estábamos confiados en poder celebrar un nuevo campeonato. La historia se convirtió en una historia de frustración luego del 3-1 propinado por rayados en el Estadio Tecnológico; en la vuelta, intentó el equipo por todos lados pero fue difícil romper el esquema de Daniel Pasarella. Subcampeones. Derrotados en nuestra propia casa. Carlitos Morales sentado recargado en un poste, era consolado por un aficionado que ingresó a la cancha, lo cual reflejaba el sentir de varios en el estadio; las lagrimas no se hicieron esperar en mi rostro a lo cuál mi padre me dijo lo siguiente “no quiero volverte a ver llorar por fútbol cabrón. Es un juego y es un pasatiempo. Sécate las lagrimas y vámonos de aquí”.

La persona que me inculcó el gusto y la pasión por el equipo, fue la misma que me enseñó la mesura y a dejar el fanatismo tan dañino de lado, por lo que a mis compañeros aficionados del equipo les digo lo siguiente: es un juego y un pasatiempo, demos la vuelta a la hoja y lo que viene. Morelia y todos esos recuerdos son parte de nosotros y estarán por siempre en nuestra mente y nuestros corazones y eso es lo más importante.

 

*Les dejo una foto mía, de 9-10 años con mi playera del Morelia y una foto reciente de mi padre en el estadio (es el de la derecha):

 

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Adrian Aguado Espinosa

Mercadólogo, futbolista frustrado. En una relación con la comida callejera. Orgullosamente formo parte de latabernaonline.com