El telón esta por caer. Tras 72 años de vida, de los cuales 22 años fue la casa del Cruz Azul, el Estadio Azul está muy pronto de dejar de existir para pasar a la historia y los recuerdos del fútbol mexicano. Pareciera injusto que deje este mundo, para dejar paso a la construcción de un nuevo centro comercial. Muchos aficionados como yo podrían decir que un inmueble con tantos años de vida, mereciera un mejor final, pero la indiferencia que se ha mostrado desde que se anunció esta noticia, muestra lo contrario.

Recordando un poco su historia, el Estadio Azul, fue inaugurado el 6 de octubre de 1946, con el nombre de “Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes”. Para este histórico suceso se tuvo un encuentro de fútbol americano entre los Pumas de la UNAM y Los Aguiluchos del Heroico Colegio Militar, saliendo victoriosos los Pumas por marcador de 16-14, con el nombre de “Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes”.

Y es que inicialmente fue pensado como un estadio para la práctica del futbol americano, pero posteriormente fue usado como casa de varios equipos de fútbol profesional: De 1947 hasta 1956, fue  la casa del América, Atlante y Necaxa, en tiempos y lapsos intercalados, pero posteriormente el fútbol de la capital se mudó al Estadio Olímpico Universitario. En 1983, el Atlante hizo nuevamente de este estadio su casa al abandonar el Estadio Azteca, y se bautiza como el Estadio Azulgrana hasta 1996 (con una pausa en 1989 cuando se muda al estadio Corregidora de Querétaro).

Por un periodo corto de tiempo, también fue la casa de la selección mexicana, durante la segunda fase de la eliminatoria para el mundial de 1994, con el DT Cesar L. Menotti, esto debido a que el Tri tuvo que salir del Azteca por un conflicto entre Televisa y los directivos de la Femexfut. Posteriormente, el 10 de agosto de 1996, es rebautizado cuando el Cruz Azul lo hace su hogar y lo nombra como el Estadio Azul, nombre que mantuvo hasta la fecha.

Y es que no creo que sea suficiente hablar solo de datos técnicos de este coloso, pues considero que hacerle justicia es hablar de su magia y misticismo, positivo o negativo: Y es que no solo fue el primer Estadio en albergar el primer partido de la NFL fuera de Estados Unidos, mismo que enfrentó en 1978 a los Santos de Nueva Orleans contra las Águilas de Filadelfia, es mucho más que solo eso. Hablamos de una sede que ha vivido 13 finales de Copa México, 12 finales de Campeón de Campeones, 5 finales por títulos internacionales, y 6 finales de Liga.

De este último dato, resalta que en casa el Cruz Azul jamás pudo coronarse gracias a la llamada “Maldición del Cruz Azul”; para muchos una maldición arraigada a este estadio y causante quizás de la poca importancia a su demolición. Para mí la actual mediocridad del Cruz Azul (mal llamada maldición), es en parte por la ineptitud de sus directivos y no por el estadio. Y es que quizás a pesar de sus remodelaciones no sea el más bonito o más moderno de México, quizás también su noveno lugar en los estadios con más capacidad del país no apantalle a nadie (36,681 espectadores); nada de eso lo hace único.

Para mi es especial porque desde hace muchos años, ha sido el único testigo y fiel seguidor que nunca perdió la esperanza de llevar a vivir años mejores a su inquilino. El Cruz Azul no vivió sus años de gloria en este estadio, pero han creado un lazo especial que me es imposible no imaginar uno enlazado al otro. Cada 15 días, conforme la afición fue abandonando al equipo del Estadio Azul, este coloso de concreto y acero, fue el único que estuvo ahí, fiel, paciente e imponente. Me impacta ver que su desaparición parece a nadie importarle, ni si quiera a la afición de “la maquina cementera”. No tendrá una despedida memorable ni épica, ni viendo cómo se levanta nuevamente un título en su pasto.

El inmueble de la colonia Nochebuena se despedirá de su afición ante un insulso y último partido contra el Morelia…¡Que poca justicia! Y es que señores y aficionados del Cruz Azul, ya verán que extrañaran este estadio que por años fue su hogar, y verán que la supuesta maldición del que lo llegaron a acusar, no estuvo impregnada en sus pasillos, vestidores, pasto, portería o gradas, estuvo todo el tiempo dentro de su dirigencia y su mediocridad de querer hacer todo mal. El único pecado de este estadio, será por siempre el haber permanecido fiel y firme a un equipo, que jamas pudo hacer pesar este bastión y darle algo a cambio, ni un solo título.

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Poblano de nacimiento y de corazón, licenciado en comercio internacional por vocación y portero por amor a la posición.

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